lunes, 28 de julio de 2014

Los ojos sin párpados, bella novela

Xosé A. Neira Cruz
Ediciones SM, 2002
Col. El Barco de Vapor, serie roja n° 134

Esta novela del escritor gallego Xosé Neira Cruz disiente de varios estereotipos: la oposición al progreso tecnológico que larvaría el movimiento ecológico, la supuesta incompetencia de las chicas en materia de ordenadores y su poco interés y aptitud para las ciencias y la aventura, sean vividas o literarias. 

La historia arranca con un intercambio de correos electrónicos que sirven para caracterizar personajes y establecer –sutilmente- la línea antimachista de la novela. Internet es, además, un importante instrumento de información para los personajes y para el lector, que encontrará en forma de e-mail algunos datos científicos necesarios para mejor disfrutar la trama.

Es, por otra parte, un correo electrónico lo que pone en contacto a los protagonistas y lanza la expedición en busca del último ejemplar de tangaleirón (versión gallega de lo que en otras apartadas regiones del mundo se conoce por sasquatch, nguoi rung, gran pie, yeren, yeti o abominable hombre de las nieves).

El mensaje lo recibe María Magdalena (llamadla Lena, por favor, o no responde), una competente usuaria de Internet, iniciada en criptozoología (la ¿ciencia? que estudia los animales cuya existencia nadie ha podido demostrar), y ayudante imprescindible de su extravagante tío Malaquías. No menos particular se revela la tía África (su apodo evoca una vida fuera de lo común) quien también se suma a la búsqueda del tangaleirón en la intrincada sierra de los Ancales, en la Galicia profunda.

La novela no carece de nada: investigación científica, santuario natural amenazado por turbios intereses y aldeanos desconfiados, carrera contra el tiempo, lugares inaccesibles y competencia desleal, crimen, amor y misterio. En ningún momento las mujeres se ven relegadas a roles pasivos. La protagoista es, por supuesto, Lena, y el amor surge entre ella y Abel, el joven que lanzó el S.O.S. desde los Ancares. Pero hay una última intervención femenina, maternal incluso, que decide el sorprendente desenlace (no digo más, para no estropearos el suspenso).

Con una escritura vivaz, una buena dosificación de los momentos de tensión, humor y amor, y un buen conocimiento de los gustos juveniles, Xosé Neira Cruz aporta una novela juvenil amena e inteligente. Singular, además de por el rol que corresponde a la mujer, por la minuciosa y actualizada documentación que maneja sobre los misteriosos homínidos salvajes y su planteo comprometido contra las actitudes depredadoras de joyas naturales de Galicia mucho más palpables que el mítico tangaleirón.

L. García Nemo
publicado en la revista Babar

martes, 5 de junio de 2012

Gatito y el balón”: como en el futbol, lo importante es compartir.



En estos días llega a las librerías de varios países Gatito y el balón, álbum para primeros lectores escrito por el cubano Joel Franz Rosell e ilustrado por la alemana Constanze von Kitzing, editado en formato “a la italiana”, es decir más largo que alto, en grueso papel “de brillo” que garantiza la calidad de los colores y cierta resistencia a la manipulación a veces ruda de los pequeñajos. Varios países y varias lenguas, puesto que este libro se publica simultáneamente en siete lenguas: castellano, catalán, gallego, vasco (en lo que concierne a España), italiano, inglés y portugués.

La edición original es de Kalandraka, editorial que habitualmente publica en castellano y gallego, mientras las otras versiones son coediciones con editoriales de Cataluña y el País Vasco español, o con editoriales de otros países.

Gatito y el balón es un cuento para chicos de 3 a 5 años y su trama es sencilla: Gatito descubre un balón abandonado delante del edificio al que acaba de mudarse. Su madre le explica que solo puede quedarse con él si comprueba que no pertenece a ninguno de los vecinos. Preguntando puerta por puerta, Gatito va conociendo a los otros pequeños del edificio: Pata, Ardilla, Conejo y Erizo… que resulta ser el dueño, pero se alegra tanto de recuperar su balón como de que son bastantes para jugar con él.


Las muy eficaces ilustraciones de Constanze von Kitzing aportan ternura, eficaces colores en tonos pastel y los detalles de ambiente que no puede aportar un texto tan parco como el que se espera en los libros para las edades tempranas. A juzgar por la capacidad de esta ilustradora para crear sus personajes, no sorprenderá que Gatito y sus amigos se conviertan en los preferidos de los pequeños. Es que este bonito álbum es el primero de una serie cuya segunda entrega está prevista a fines del otoño. http://elpajarolibro.blogspot.fr/2012/05/acaban-de-llegar-los-almacenes-de-la.html

Gatito y el balón no es el típico libro oportunista y no aprovecha la Eurocopa para cubrir una transitoria demanda de libros con tema futbolístico. Si así fuera, no lo editaría la prestigiosa Kalandraka ni hubiera salido apenas una semana antes del primer match del campeonato europeo de naciones. Tampoco sería obra de Joel Franz Rosell, quien en 30 años de carrera nunca ha firmado textos de ocasión. Sin embargo, no se puede pasar por alto el “mensaje” de la sencilla historia: compartir es la mejor manera de poseer. Inculcar en los niños pequeños, que tienden naturalmente al egocentrismo, la necesidad de saber compartir, es algo imprescindible. Se trata, por otra parte de un valor deportivo (y por tanto futbolístico) que resulta particularmente importante subrayar en momentos de importantes competencias internacionales durante las cuales pueden resultar sobredimensionados aspectos negativos del deporte de alto rendimiento como la rivalidad, el nacionalismo o el enriquecimiento fácil.


Seamos pues oportunistas (en el buen sentido) y aprovechemos la Eurocopa 2012, el Mundial de Brasil en 2014 y cualquier otra ocasión que se nos presente para explotar el interés por el fútbol para poner en manos de los más pequeños una bonita historia de descubrimiento del otro, que empieza por el hallazgo de un balón abandonado y termina por el primer juego de un nuevo grupo de amigos.

L. García Nemo

martes, 6 de diciembre de 2011

MAS PEOMAS

“El poema de medianoche”

El poema de medianoche
se escribe en la oscuridad
la tinta puede ser negra
pero el papel le pone claridad.

Seguramente la sombra
de la mano que traza
doblada por la negrura
intensifica las palabras.

El ritmo del verso
quizás duerme un poco,
pero su aliento sereno
tiene honduras de pozo.

El poema de medianoche
es breve.
Un minuto después
(son las doce y algo)
toca escribir otro poema.



"PROBLEMA DE ENFASIS"
Pausas,
entonaciones,
silencios…
los versos que se eternizan
(perdón, qué palabra excesiva)
al fijarse en el papel
material sin embargo efímero
(y otra palabra pomposa)
Largan su carga de secretos
Por los prados del olvido…

Mejor no sigo: hoy el verso me sale enfático.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Javi y los leones, un libro sobre la violencia escolar

Javi y los leones
Texto: Joel Franz Rosell
Ilustraciones: María Rojas
Edelvives, 2003
Colección Ala Delta. Serie Roja (a partir de 5 años)


Sobre la violencia escolar no hay nunca demasiados libros. Es un tema complejo, con muchas aristas, que alcanza a los chicos de cualquier edad. La perspectiva que ha adoptado el cubano Joel Franz Rosell en este cuento es la de su tratamiento desde la imaginación infantil.

Es sabido que antes de resolver cualquier tema de la vida cotidiana, en la relación con los demás o con el medio natural, lo primero que hace el ser humano es procesarlo en una construcción mental que le permite pesar los elementos participantes en el conflicto, valorar su capacidad para enfrentarlo y sus posibilidades de éxito.

Eso es lo que hace Javi, un niño que ya arrastra un viejo miedo, el día en que un chico del mismo colegio, pero de un grado superior, le “cobra peaje”. Esto es algo que ocurre diariamente y cuya solución pasa por compartir el problema con amigos, padres y personal escolar, por la investigación de las causas individuales y sociales que conducen al violento a tal actitud, y por el enfrentamiento temprano del mal, a fin de evitar que éste se convierta en un hábito cada vez más peligroso; tanto para las víctimas como para el victimario.

Estos tres ingredientes del problema de la violencia escolar están implícitos en el cuento de Rosell y en las ilustraciones de Rojas, si bien no todos alcanzan la misma jerarquía. Al estar narrada la historia desde el punto de vista y de la mente de Javi, quien todavía mezcla realidad y fantasía, no llegamos a conocer las motivaciones del abusador. Esto no es una objeción al cuento puesto que, como dijimos, es una temática compleja y de muchas aristas que un texto tan breve, destinado a lector tan joven, no puede abordar simultáneamente y con profundidad.

Javi pasa cada día junto a dos leones de piedra. Le gusta el león sonriente y le teme al león feroz. Esta relación ¿sugiere que el chico tiene un problema de comunicación con sus padres y los sustituye por los leones? o acaso ¿es el autor quien ha representado a los adultos del entorno del chico como leones, sugiriendo que con uno de éstos la relación es difícil? Probablemente ambas cosas estén en la intención del escritor, dado el nivel metafórico de todo el cuento.

Cuando se le presenta el problema con el abusador(que no tiene nombre), Javi le pide ayuda al león sonriente. Este le responde que no es él, sino el león feroz quien puede ayudarlo. “Es que me da mucho miedo”, explica Javi, y el león amigo replica: “¿Quién te da más miedo, el león feroz o ese guapetón que te hace chantage en el colegio.?” Esa noche, Javi sueña que el león feroz y el guapetón están en un balancín. La imagen no puede ser más diáfana, pero se amplía cuando, al día siguiente, el chico se percata de que, vistos desde atrás, los dos leones de piedra son iguales. Cuando al fin dialoga con el león fiero, Javi descubre que éste tiene la misma voz que el león sonriente.

María Rojas resuelve esta cuestión dibujando desde el principio a los dos leones prácticamente iguales. Son, además, muy grandes con respecto a Javi. Otro sugerente momento del trabajo de ilustración es cuando representa el puño del abusador con un trazo y color semejante a las patas de los leones (y Javi sigue luciendo minúsculo en comparación). Al final, cuando al fin vemos la cara del chico mayor, también su rostro se asemeja al del león feroz. Todo el libro está trabajado con una paleta de colores donde predominan rojos y negros. Los dibujos han sido realizado con creyones de cera, de trazo naif, sobre un colage de papel de estraza y recortes de diario que subrayan el ambiente urbano y el peso que la palabra tiene en el desarrollo de la historia. La composición y el aprovechamiento del espacio evidencian gran oficio, y la concepción de los personajes demuestra la sensibilidad de la artista y su compromiso con el texto y con su jovencísimo destinatario.

Rosell mueve su historia con cuidada ambigüedad. En la calle todos están demasiado ocupados y no se fijan en Javi, que siente marchar tras él al león feroz. Cuando se enfrenta con Guapetón (así, con mayúsculas, como si fuese su nombre) éste se asusta por lo inusitado de la resistencia, y tampoco los camaradas que vienen a felicitar a Javi mencionan al león. Sin embargo, el chico se resiste a confirmar que que todo fue producto de su imaginación y se propone, en su próxima visita al parque, continuar compartiendo con los leones sus experiencias escolares.

Ante semejante final, algunos de los pequeños lectores decidirán por sí mismos la versión que prefieran o necesiten. Otros pueden preguntar a los adultos que compartan con ellos la lectura si Javi fue o no acompañado por el león. Pienso que, como en los cuentos de hadas, el adulto debe informarse primero de lo que el chico opina. Por lo general, la mejor respuesta ante la ambigüedad estética es no imponer un criterio. Toda obra literaria es una propuesta, una sugestión, una pregunta. La literatura no se hace para enseñar, sino para permitirle al chico aprender: piense usted en el matiz que diferencia ambos verbos.

L. García Nemo
versión de este artículo en

La leyenda de Taita Osongo, novela afrocubana

La leyenda de taita Osongo
Joel Franz Rosell
Fondo de Cultura Económica. México, 2006
Ilustraciones: Ajubel
Recomendado a partir de 10 años


La leyenda de taita Osongo
es la más reciente novela publicada por Joel Franz Rosell, autor cubano residente en Francia, donde publicó la primera versión, seguida recién por una versión brasileña (Ediçoes SM do Brasil, 2006) y por la edición cubana (Ediciones Capiro. Santa Clara, 2010) que cuenta con sus propias ilustraciones. Narra un amor imposible: entre Leonel, joven esclavo, y Alma, la hija de su amo, el temible traficante de esclavos Severo Blanco. Pero también, como lo indica el título, es la historia del abuelo del joven, taita Osongo: antiguo rey africano y esclavo cimarrón, que utiliza la magia para luchar por la libertad de los suyos.

No creo que haya muchas novelas juveniles sobre la esclavitud en América (en las colonias españolas, inglesas, francesas y holandesas, pero también en naciones independientes como Estados Unidos y Brasil). En todo caso, no he leído otra donde lo literario supere de tal manera la intención de informar o denunciar el destierro y explotación de millones de africanos durante los siglos XVII al XIX.

Contrariamente a lo que puede dar a pensar el término “leyenda” incluido en el título, la historia no procede tradición africana o cubana alguna. Es un relato completamente original, que se inscribe en la moderna literatura cubana. El autor ha declarado haber reinventado la historia de su propia familia, pues tiene ancestros africanos, españoles y aborígenes, y haber aprovechado su estado de ánimo durante una experiencia amorosa (cuyas dificultades nada tenían que ver con diferencias raciales).

Al margen de las fuentes históricas, familiares y personales, Rosell, dice haberse alimentado en fuentes literarias cubanas, de Europa Occidental y hasta de Rusia. Entre los maestros cubanos a quienes rinde homenaje están Nicolás Guillén, cuyo segundo libro de versos afrocubanos, Sóngoro Cosongo da nombre al país imaginario del cual es rey Taita Osongo, y Lino Novás Calvo, de cuya novela Pedro Blanco el negrero tomó el nombre de su propio anti-héroe, Severo Blanco. Por otra parte, Rosell cita casi textualmente una situación de uno de los más famosos cuentos infantiles de su compatriota Onelio Jorge Cardoso. La novela utiliza diversos recursos propios de la leyenda, género de nuestra tradición occidental, pero sobre todo sorprende al servirse de la estructura de un cuento tradicional ruso para el momento álgido de la trama: la fuga de Alma y Leonel, ayudados por los sirvientes mágicos de Taita Osongo y perseguidos por los cazadores de esclavos.

La leyenda de taita Osongo no es una novela histórica y mucho menos un relato con fácilmente reconocibles “valores transversales”, es una corta e intensa novela de aventura, magia y amor que explota hábilmente la experiencia estética que ofrece a sus lectores para propiciar una comprensión afectiva de problemas como el racismo, la emigración africana, la pobreza del tercer mundo o las esclavitudes modernas (todos están interrelacionados).

Después de vivir las 70 jugosas páginas de esta novela, nuestros jóvenes no podrán mirar nuevamente las múltiples formas de la injusticia como cosa ajena y remota.

L. García Nemo
versión original publicada por la revista Babar

martes, 6 de julio de 2010

NADA SE PIERDE CON OPINAR


DIBUJOS EN LA ARENA
Por L. García Nemo

La canción del castillo de arena
Texto e ilustraciones: Joel Franz Rosell
A Fortiori Editorial. Bilbao, 2007
32 páginas, encuadernado en cartoné (297mm x 210mm)



Un niño y su padre construyen castillos de arena que desaparecen con la noche. Tras intentar algunas explicaciones fantasiosas, el padre afirma que el destino de los castillos de arena es desaparecer para que, en la misma playa, otros puedan aprender a construirlos. El mensaje es filosófico (más vale hacer que poseer) y ecológico (“Por la mañana, junto al mar frío, quieto y transparente, la arena parecía recién traída del taller de Máximo Universo”). El niño se inquieta entonces por la princesa que ha imaginado en cada castillo, pero la reencuentra en una caracola, donde vive “hasta que alguien hace un castillo de arena y ella puede asomarse a la ventana para cantar en el idioma del hombre o el niño que construye”.

Es el tercer personaje de una historia donde la madre nunca es mencionada. ¿Se trata de una familia monoparental?

Es lo que podría indicar la inclusión de este cuento en la colección En favor de la familia, con que la editorial vasca A Fortiori se propone “transmitir a las generaciones futuras que lo que define una auténtica familia es el amor que nos tenemos quienes la constituimos, independientemente del número de personas que la integramos, del sexo al que pertenecemos, de nuestra raza, del tipo de pareja que formamos, o de si somos hijos biológicos o nos han adoptado”.

Rosell no escribió expresamente para la colección A favor de la familia (lo que sí se nota en uno que otro álbum de la serie. La misma historia ya aparece en su primer libro español: Los cuentos del mago y el mago del cuento (Ediciones de la Torre, 1995) e incluso en la versión brasileña, editada cuatro años antes.

Si el discurso presenta algunas mejorías, lo realmente novedoso es que, esta vez, las ilustraciones son del propio escritor.

La vivacidad del colorido y un dibujo espontáneo son los rasgos sobresalientes del ilustrador que vegetaba en el experimentado escritor cubano. Pero lejos de caer en la trampa de repetir en líneas y colores lo dicho con las palabras, Rosell nos presenta unos personajes de piel oscura y un paisaje caribeño que el texto no especifica. El autor declara haber revivido las circunstancias en que concibió la historia: una playa de Santiago de Cuba donde la mayoría de los bañistas eran negros y mestizos. Pero su intención más profunda era contrariar la tendencia del álbum ilustrado europeo a confinar a los africanos, indios y otros pueblos “del Sur” en temáticas “propias” de su condición; ya se trate de estereotipos críticos como la pobreza, la discriminación y la destrucción del medio ambiente, o positivos como el vasto tejido familiar, la vivacidad del carácter y las tradiciones orales.

Rosell parece decir que los niños del “Tercer Mundo” también tienen celos del hermano menor, temen a la oscuridad, “mojan” la cama, se enamoran por primera vez… En suma: también juegan, sueñan, descubren el mundo, se equivocan y crecen como nuestros hijos, nietos, alumnos o vecinos, y como los niños que van a leer y a mirar el libro que estoy comentando. Pero en lugar de predicar la igualdad con la contundencia del discurso comprometido, la desliza en sus páginas con la pureza de sus colores.

La canción del castillo de arena corona cuarenta años de creación para la infancia. Cuando a los trece años, nuestro autor terminó su primera novela de aventuras, en las páginas de aquel cuaderno escolar también había dibujos. Diez años después, los malos consejeros que nunca faltan consiguieron que abandonara el pincel y se consagrase a la pluma. El flamante álbum de A Fortiori Editorial demuestra que los dibujos que Joel Franz Rosell confiaba a la arena, no se habían perdido para siempre.

Publicado en Otro Lunes, revista electrónica de cultura cubana y opinión. Berlín, mayo 2008